Con la llegada del buen tiempo, más de un 15 por ciento de la población sufre los efectos de la ‘temida’ alergia primaveral. Ojos irritados y llorosos, estornudos y congestión nasal suelen ser los síntomas más habituales. En caso de padecerlos anualmente, se recomienda acudir al médico para que realice un diagnóstico definitivo.
La alergia es una reacción exagerada del organismo ante una sustancia inofensiva, procedente del exterior, que es percibida como un agente invasor ante el cual, el cuerpo humano pone en funcionamiento el complejo sistema inmunológico formado por células y proteínas que se encargan de defenderlo cuando es agredido por agentes extraños.
En ocasiones, los agentes que son considerados dañinos para el organismo no son peligrosos pero así es como lo percibe el sistema de defensa, como si se tratara de virus o bacterias a los que hay que eliminar. Por lo que al entrar en contacto con el organismo, se produce una respuesta exagerada que provoca los síntomas propios de las alergias.
Esto es lo que sucede con el polen que producen algunas de las plantas que comparten el ecosistema con los humanos. No es que todas las plantas produzcan alergia sino sólo aquellas que se polinizan por el aire. En España, los responsables del mayor número de alergias por polinización son los árboles como el roble, el olmo, el plátano o el olivo y, en verano, hierbas como la grama dulce (gramíneas) o malezas como el cardo.
El polen es una sustancia muy pequeña que contiene en su interior células espermáticas producidas por el aparato reproductor masculino de la flor. Su función es transportar las células espermáticas al aparato reproductor femenino para producir la fecundación y dar lugar al fruto.
El mes de abril suele ser el de la floración de las gramíneas (malas hierbas que crecen en los bordes de las carreteras, campos de cultivo, descampados, praderas…) y el abedul. Mientras que un poco más adelante, a comienzos de mayo, comienza la floración del olivo, mientras que otras especies pueden ir aumentando sus valores polínicos como los alisos, avellanos, fresnos, olmos, álamos, pinos, moreras o sauces.
De todas formas, la Junta de Castilla y León ha puesto en marcha un servicio, a través de su página web, para facilitar la información sobre las concentraciones polínicas, tanto para las personas afectadas por alergias causadas por estos pólenes como para los médicos alergólogos y otros profesionales sanitarios. Estos datos son accesibles para todos a través de la página web ww.sanidad,jcyl.es/polen.
Síntomas
Los principales síntomas que produce la alergia primaveral son rinitis, congestión nasal, conjuntivitis, estornudos y picor y escozor de ojos, nariz, paladar y faringe Aunque algunas personas pueden padecer síntomas más graves como son, además de los anteriores, cefaleas, irritabilidad, depresión, insomnio y lagrimeo. Cuando estos síntomas aparecen repetidamente cada año con el comienzo de la primavera, lo más probable es que se padezca esta enfermedad. En ese caso se debe acudir al médico para que realice un diagnóstico definitivo.
Éste consiste, además de en una exploración física, en la realización de una serie de pruebas como el test cutáneo o prueba alérgica cutánea que consiste en aplicar una serie de sustancias conocidas que suelen producir alergias, de forma separada para poder observar cuál de ellas es la que produce la reacción alérgica. Tras pasar 15-20 minutos se observa la piel para ver qué zona enrojece.
El tratamiento puede realizarse a través de medicamentos, los antihistamínicos, que se suministran por vía oral, colirios y gotas, o los corticoides, que se administran a través de vía tópica o por inyección, Estos fármacos no curan la enfermedad, su utilidad se encuentra en el alivio de los síntomas, disminuyen los estornudos y el lagrimeo. Son recetados por el médico a la dosis adecuada para cada paciente. Y luego está la vacuna, que puede resultar eficaz en muchas personas, especialmente cuando se tiene alergia a un solo polen.
Para evitar el contacto con el polen, en primavera y verano, se pueden establecer una serie de medidas como mantener las ventanas cerradas por la noche y/o utilizar aire acondicionado con filtros, así como disminuir las actividades al aire libre durante las 5-10 de la mañana y de 7-10 de la noche, períodos de tiempo en que la cantidad de polen es mayor en la atmósfera; o mantener cerradas las ventanillas cuando se viaja en el coche.
El número de personas alérgicas al polen aumenta cada año, situándose en la actualidad en el 15 por ciento de la población afectada, especialmente en los países desarrollados. Y es que, los últimos estudios epidemiológicos apuntan hacia la contaminación atmosférica como uno de los principales responsables del incremento del número de alérgicos a los pólenes, fundamentalmente en las ciudades, debido a que al unirse la contaminación al polen, el grado de agresión al organismo aumenta. Además, los expertos aseguran que la coincidencia con otros factores como el aumento del consumo de tabaco o la falta de exposición en la infancia a los gérmenes, han sido decisivos en la multiplicación anual de pacientes con este problema.