La varicela es una de las enfermedades clásicas de la infancia, aunque también puede afectar a los adultos, en los que resulta más severa. El principal síntoma es la aparición de numerosas erupciones cutáneas que producen intensos picores. Puede transmitirse desde uno o dos días antes de sufrir los síntomas, hasta el final de la enfermedad, lo que le convierte en un virus altamente contagioso.
La varicela es una de las enfermedades virales más comunes de la infancia y se caracteriza por la aparición en la piel de varios brotes de erupciones cutáneas que aparecen en forma de manchas rojizas y van evolucionando hasta convertirse en ampollas llenas de líquido que, tras reventar, se secan y se convierten en costras que suelen terminar desapareciendo. Las erupciones pueden salir por todo el cuerpo, principalmente en la cabeza, tronco y extremidades, aunque también puede darse en zonas mucosas como la nariz, la boca o incluso en el pene y la vagina.
Lo normal es que aparezcan entre 300 y 500 erupciones, aunque pueden llegar a darse situaciones en las que surjan alrededor de 1.000 ampollas, que provocan grandes picores y quemazón que suelen derivar en cierta irritabilidad, así como en falta de sueño o apetito. Además, como la enfermedad puede durar unos 10 días, se dan varias oleadas de erupciones a lo largo de este periodo de tiempo, por lo que pueden verse a la vez lesiones en varias fases evolutivas.
Esta enfermedad suele darse mayoritariamente entre los niños menores de 10 años, aunque también pueden contraerla los adultos, en cuyo caso los efectos pueden resultar mucho más severos. Se estima que el 90 por ciento de la población es proclive a padecer la enfermedad en algún momento de su vida. Y es que, el virus de la varicela es uno de los más contagiosos que existen en la actualidad. Su principal medio de transmisión es el aire, especialmente a través de las minúsculas gotas de saliva que expulsamos al hablar, toser o estornudar; aunque también puede contagiarse debido al contacto directo con las propias ampollas que provoca la enfermedad.
Además, el virus empieza a ser contagioso antes incluso de que la persona que ha sido infectada sufra los primeros síntomas, por lo que es muy difícil controlar su expansión. Los principales periodos de exposición son los meses de invierno y al principio de la primavera.
El responsable es el virus de la varicela zoster, un virus de la familia de los herpes virus. El primer contacto con este agente causa la enfermedad de la varicela cuyo virus, a pesar de ser superada la enfermedad, se mantiene latente en el cuerpo humano aunque mantenido bajo control por el sistema inmunológico. En caso de fallo de éste, el virus podría reactivarse posteriormente pero esta vez en forma de herpes zoster o culebrilla, enfermedad que suele aparecer en periodos de estrés a partir de los 50 años y que padece el 10 por ciento de las personas que han sufrido anteriormente la varicela.
Los niños y los adultos infectados por el virus de la varicela pueden convivir con él sin saberlo durante todo el periodo de incubación de éste, que puede prolongarse por un periodo de entre 7 y 21 días. Y durante parte de ese tiempo (uno o dos días antes de la aparición de los síntomas) pueden seguir contagiando a otras personas sin saberlo.
Las embarazadas que no han pasado la varicela son especialmente sensibles dado que, además de tener más riesgo de presentar complicaciones, pueden transmitir la varicela al feto. Cuando la varicela se contrae en los dos primeros trimestres de la gestación puede causar una varicela congénita en el 1-2% de los casos, con alteraciones neurológicas, cicatrices en la piel y alteraciones oculares y esqueléticas. Si la varicela aparece entre 5 días antes y 2 días después del parto, puede aparecer en el recién nacido una varicela neonatal muy grave.
Aunque el principal síntoma es la aparición de las erupciones en la piel, también pueden darse dolores de cabeza, fiebre (que puede llegar a elevadas temperaturas), dolor abdominal y malestar general. Lo normal es que se produzcan de manera leve, aunque pueden darse casos de mayor severidad, especialmente en los adultos. Los síntomas pueden agravarse en aquellas personas con problemas inmunológicos, de piel, personas que están recibiendo tratamientos contra el cáncer o que están siendo tratados de asma a través de esteroides. Además es muy importante tener en cuenta que nunca debe administrase aspirina a una persona afectada por varicela, ya que puede provocar el síndrome de Reye.
No existe un tratamiento efectivo contra el virus de la varicela, aunque sí pueden llevarse a cabo diferentes métodos para aliviar sus síntomas como administrar antihistamínicos para disminuir la sensación de picor o realizar baños con agua tibia y avena que además de aliviar el prurito ayudan a mantener la zona bien limpia, ya que una de las principales complicaciones que pueden surgir tras la varicela es la infección bacteriana de las ampollas, por lo que también es aconsejable cortar las uñas de las manos de los niños para evitar que se rasquen las erupciones. Además, cuanto menos se rasque, mayores facilidades de regeneración y cicatrización tendrá la piel una vez superada la enfermedad.