Un
buen amigo mío, un tipo curioso, limpio y con tendencia al
romanticismo, ha decidido escribir, a sus 78 añazos, una carta
a los Reyes. Sí, esa primera idea que ha cruzado sus cerebros
es la correcta, la misiva irá destinada -supongo que realizará
el envío a tiempo- a los 3 Magos de Oriente. José, que
así se llama, ha conseguido sobreponerse al republicanismo
febril de su juventud, limado a golpe de realismo y ha apostado por
pedir las cosas a las personas adecuadas.
La historia es la siguiente. En un encuentro casual, de esos de cuánto
tiempo, palmadas en la espalda y preguntas cruzadas por conocidos
comunes, el bueno de José me confesó verse cercano a
los 80 y seguir sin entender al ser humano. Así que, ni corto
ni perezoso, ha optado por pedir un manual de instrucciones, de uso,
a los únicos que, según él pueden conseguirlo.
La verdad, cuando me lo dijo, serio, con un hilo de voz que escapaba
entre las canas de su barba, a penas pude contener el gesto de sorpresa
y que los globos oculares desbordaran las cuencas. En principio me
planteé si la salud mental de mi amigo se había resentido
en los últimos años o, simplemente, si estaba ironizando.
Aún tengo la duda.
El caso es que, con mi habitual curiosidad conseguí su promesa
firme de que me haría llegar una copia de aquella carta tan
pronto como la escribiera. Unos días más tarde, recibí
un sobre blanco con otro sobre azul dentro. En el sobre azul se podían
leer unas letras, cinceladas con una hermosa caligrafía, que
se retorcían hasta verter un "Para los 3 Magos de Oriente"
con un vivo color rojo.
Reconozco que las manos me temblaron mientras traté de utilizar
mi abrecartas con el mayor cuidado posible. Cuando sostuve aquel pedazo
de papel salmón tamaño cuartilla comencé a leer:
"Muy señores míos: Esta es la primera vez en mi
vida que me dirijo a ustedes y reconozco que esta carta, como casi
todas las que reciben -incluyendo las del banco y la publicidad- es
para pedirles algo. Soy un niño de 78 años, y digo soy
porque he tenido la absurda idea de explotar aquello que me invita
a no desistir en este viaje ameno que es la vida: mi afán por
conocer cosas nuevas y atrapar este mundo con los sentidos. Por eso
me siento como un niño.
El caso es que nunca he terminado de conocer a mis congéneres,
ni tan siquiera a mí mismo, y me planteaba si no tendrán
ustedes un libro de instrucciones o algo similar que me permita entender
qué nos mueve o qué nos detiene... Cuáles son
nuestros mecanismos y cómo se ponen en marcha. Muchas veces
me dejo invadir por una sensación: si hubiera sabido motivar
a mis congéneres habría podido trabajar por un mundo
más justo... Pero bueno, ahora sólo me quedan unos años
de paseos plácidos y de atar cabos sueltos... Quitarme ciertas
curiosidades, vamos. Sé que mi petición roza el absurdo,
no, mejor dicho es plenamente absurda, pero, en ciertos momentos,
cuando uno no sabe a qué recurrir, sólo se puede optar
por un camino: crearse una ilusión que interceda. Confío
en que mi solicitud no les dará excesivos problemas de cabeza.
Reciban un afectuoso saludo: José. P.S: Prometo dejarles un
tentempié por si, finalmente, pasan por aquí".
Cuando mis ojos terminaron la lectura quedé entre divertido
y preocupado. No sé si me entienden, pero mi amigo, el pobre
José está avocado al desengaño. No, no crean
que soy tan estúpido como para negar que recibirá su
regalo, no. Pero estoy convencido de que ese manual, en caso de llegar,
será de esos estilo lector de DVD, confuso ("Si su modelo
es el SE-400 pulse la tecla 5 - fig 1) o incluso mal traducido. No
sé si esto sólo me pasa a mí pero tras leer y
releer esas instrucciones uno siempre opta por arrojar el libreto
en 6 idiomas al suelo y empezar a trastear, a ver qué se encuentra.
Sólo así se llega realmente a manejar el aparato, aunque
siempre te queda una duda: ¿para qué carajo servirán
esos botones?
PaginasDeSegovia.com - La publicacióón de mayor distribución en segovia ahora en Internet