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Aurora Limón

LA ÚLTIMA DE PÁGINAS
Cantos de Sirena

         Me he puesto a escribir esto que tienen ante sus ojos esta misma mañana aprovechando que la compañera más cercana a mi mesa ha tenido que salir a la calle por “asuntos personales” (comprarse un traje para la boda de una hermana que vive en Astorga) y además percibo que no tiene ni remota idea de volver en el resto de la jornada. ¿Chivata yo? Para nada.

Digo que estoy aprovechando para escribir el artículo de este mes en lo que debería ser mi lugar de trabajo, que no lo es, y si no nada más que lo vean..., porque una vez más me ha vuelto a pillar el toro. Joder, qué poco le cunden a una servidora los meses, qué digo los meses, los años, y si me apuran los lustros. Porque no sé si ustedes tienen costumbre, pero resulta que llega un día en el que te paras cinco minutos a reflexionar (yo más no puedo, me entra un dolor de cabeza que ni les cuento...) y descubres que todos estos años que te acompañan han pasado como en un suspiro, qué digo un suspiro, descubres que la vida se ha deslizado por el calendario en una bajada de pestañas, en un chasquido de dedos, en un ay-qué-fue-lo-que-me-pasó.

Y te sientes, en esos cinco minutos de reflexión, la puta que los parió, como la más mierda del corral. Te sientes como la puta vieja y decrépita gallina a la que no monta el gallo así te ofrezcas a él más caliente que una burra en celo. ¿Ven como les decía yo que más de cinco minutos reflexionando no son buenos ni para mí ni para nadie? Luego pasa lo que me pasa: Venga de Lexatin y Valium varios. Porque, entre que acabamos de entrar en la primavera y lo que nos rodea, me cojo unos bajonazos que ni la Raquel Mosquera.

¿A ustedes no les ha pasado nunca tener enfrente a alguien y no saber cómo detener el tiempo para que ese alguien no se aleje? Me acaba de ocurrir. Como se lo cuento. Yo estaba aquí tan ricamente a lo mío, que es lo de ustedes, y de pronto noto que se ha ocupado uno de los asientos del otro lado de mi mesa. Pero yo, impertérrita sin ni siquiera levantar una ceja, venga de darle al teclado.

Hay que hacerlo tan sólo unos segundos, los justos para que el contrario te valore de la forma que tú entiendes que te tiene que valorar. Si te pasas de tiempo la has cagado, porque surte el efecto contrario al que tú deseas. Entonces, cuando te has pasado, la otra persona en lo único que piensa es: “Será zorra la tía... Lleva toda la mañana rascándose el papo y justo ahora va y se pone a trabajar.” (Esto en el caso de que el que tengas enfrente sea un tío) Si es una tía casi es peor, porque escucharías, como si se tratara de un trueno, todo el rencor que nos cabe en la mente a las tías – y es mucho- diciendo: “Y a esta puta gorda de mierda qué coños le pasa... ¿Es que no ve que estoy aquí...?” Solidaridad de género el que tenemos las mujeres...
Esos segundos de los que les hablaba, en el caso contrario, surten un efecto de incalculables dimensiones si sabes administrarlos y te adornan dotes para el arte de la interpretación.

“Discúlpeme, (poniendo cara de supereducadadelamuerte) pero estaba tan enfrascada en el trabajo... ¿Puedo ayudarle en algo?” Y qué quieren que les diga pero al que estaba del otro lado de mi mesa esta mañana le hubiera yo, no ayudado, si no concedido una subvención millonaria a perpetuidad. Si tiene la desgracia de leer este artículo sabrá por qué le he explicado tantas leyes que ni yo misma intuía que conocía, sabrá por qué le he metido en el sobre tantos impresos de los que yo misma desconozco su utilidad, sabrá, en definitiva, que yo no he parado de pensar que con tres cuartos de hora más de tiempo hubiera acabado invitándole a un café en el Canaima. Por cierto, y a sabiendas de que mi hija me detestará por ello, el ofrecimiento queda cursado.

Es la segunda vez que, dedicada a escribir este artículo, el eco de las siglas asesinas (ya saben que yo no publicito a verdugos) me desvía del hilo narrativo que me acompañaba. En la primera ocasión, unos perros asesinos, asestaban un tiro mortal en la sien de Miguel Angel Blanco al tiempo que taladraban el corazón de tantos ciudadanos de bien de este país. Hoy he sentido casi la misma náusea al escuchar que los chacales de gatillo fácil tienen la intención de aflojar el berbiquí sanguinario que durante tantos años han estando infligiendo en la conciencia de un pueblo entero. Odón Elorza ha brindado con champán por los “ausentes involuntarios”. Espero que el ruido del cristal no silencie el recuerdo de unos llantos injustificables que nunca deberían de haberse derramado.

Por si alguien cae en la tentación de pensar que mis posiciones se acercan a los planteamientos teoréticos de algún medio de comunicación de este país o a las posturas del PP, desde aquí le desengaño. Comenzaba este artículo diciendo que lamento profundamente que la vida se nos pase con tanto desboco y tanta precipitación. Es por eso que jamás podré comprender ni perdonar a nadie que, utilizando el último estadío de la injusticia, es capaz de detener, para siempre, el devenir de una vida humana en aras de un sueño enloquecido. Ni todas las banderas juntas, ni uno sólo de los territorios que conforman el planeta Tierra han merecido nunca una sola lágrima de las que se derraman en su nombre. Espero que este sea el momento de enjugarlas para siempre, aunque no sé por qué me da que ya me suena la canción.

A ver qué hago yo ahora con todo el material que tenía preparado. A ver cómo le digo yo ahora a Emilito Hernández que tiene más morro que un oso hormiguero. Cobrar quince millones de pesetas al año por no hacer nada, y de esos quince reducirte dos kilejos por no hacer nada a dedicación exclusiva, es tener un morro de aquí a Lima. Claro que esto es lo de siempre: Mejor nacer con estrella que no estrellado. Patronos hay que lo consienten y bendicen. Ah, por cierto, por si había alguna duda, sobre lo del premio Juan de Borrón y Cuenta Nueva, ya está aclarada: La SGAE como postulante al mismo. Es como para que se te rompa el himen.

Y servidora propone otro emplazamiento para su celebración: La cueva de Alí-Babá. Si se acepta, no os olvidéis de mi comisión. Desde aquí se lo digo a todos ustedes, preferentemente a todas ustedas, servidora hace lo mismo que el funcionario Jefe de la Sección de Industria, sólo que cobrándome en carne, concretamente de la parte delantera central. Total, por mil ochocientos aurelios... Que me quiten lo “bailao”. A ver cómo digo yo ahora también, que quiero el traslado al Museo Provincial Abstracto de don Alonso. Y digo bien, de don Alonso, porque díganme ustedes de quién más... Lo dicho, hay días que lo mejor es no escribir ni una sola letra, ni decir tan siquiera una palabra, ni ejecutar un movimiento que no justifique el siguiente. Hay días que por más que te empeñes en correr la cortina, el cielo no se descapota así le pongamos voltios a la negritud o cañonazos de optimismo a la desvergüenza.

auroralimon@eresmas.com


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