Quién
no ha comprado alguna vez un recopilatorio? Sí, ya saben, una
selección de música que recoge lo más florido
de un grupo, cantante o compositor. Todos, en alguna ocasión
hemos escuchado alguno. Es una forma de recauchutar el producto para
que vuelva a generar dinerillos. Bueno, lo que realmente me interesa
del fenómeno es su nombre en sí. Algunos se proclaman
como
“Grandes éxitos”, supongo que avalados por las
ventas, pero otros se identifican con un “Lo Mejor”. Y
ahí quería llegar yo. No sé, no siempre lo más
escuchado es lo mejor… Ni tan siquiera creo que estas selecciones
consigan que una audiencia novata pueda hacerse una idea real de cual
fue el legado del recopilado. En definitiva, creo que la idea resulta
castrante.
No voy a seguir por el derrotero musical -juzguen ustedes mismos-
sino que pretendo extrapolar esa sensación recopilatoria a
nuestras vidas. Imaginen: llega el día que a todos nos llega
y su entorno pone a la venta esos grandes éxitos, es decir,
aquello por lo que más le recordarán. Me viene a la
mente el recientemente fallecido Ronald Reagan, aquel actor metido
a presidente de potencia mundial. Pues bien, si nos sujetásemos
a los grandes éxitos vendidos en la última semana, Ronald
Reagan fue un entrañable abuelito que salvó al mundo.
Supongo que muchos de ustedes recuerdan algunas de sus proezas obviadas
en este recopilatorio. Ya saben, apoyo a dictaduras, bombardeos, invasiones…
Pero la muerte es la muerte, y hasta yo me sentí afligido por
la de Jesús Gil, un hombre peculiar con un recopilatorio póstumo
de tío entrañable… ¿Pero no era este el
que llegó a liarse a puñetazos delante de las cámaras
y llamó baboso a todo el que se le puso por delante? Ah, que
lo de baboso era porque era un hombre sincero e íntegro.
La conclusión que extraigo de todo esto es que, hasta para
morirse, hay que tener vista. Todo se arregla con un marketing audaz.
Miren si no a Alfred Nobel, un maniaco que se forró a costa
de la industria armamentística y que tras su muerte permanecerá
como adalid de la cultura y el desarrollo humano. Eso sí que
es un ‘lifting’ post morten.
Así que ya saben, si están ustedes preocupados por cómo
se les verá tras su marcha al más allá, no se
preocupen en exceso. Las canciones recopiladas serán, por lo
general, sus fuegos de artificio, sus grandes momentos. Nuestras miserias
humanas se disolverán en el recuerdo de nuestros hijos. Y nuestras
vidas enteras serán sombras borrosas en las mentes de nuestros
nietos y un mero nombre, en el mejor de los casos, para nuestros bisnietos.
Nunca pensé que el tiempo me absolvería de todos mis
pecados. Amén.
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