Pecando
de osado, quiero empezar estas líneas citando a Sócrates,
el gran filósofo ateniense. Para él, un hombre sólo
podía ser feliz si actuaba conforme a sus convicciones. Partiendo
de un conocimiento de lo que está bien sólo se podría
acceder a la felicidad actuando de la forma “correcta”.
Han pasado casi 2.500 años y la raza humana sigue persiguiendo
quimeras, fabricando ídolos y entregándose a mil formas
de entender la vida… Y nada, la felicidad es algo inaprensible
que sólo sentimos fugazmente, algo
pasajero. ¿Qué es lo que está fallando? Tendemos
a culpar a los modos de vida, a las sociedades, obviando que estos
sistemas nacen del hombre y evolucionan al ritmo de éste…
Así que, si las sociedades no consiguen la felicidad del individuo,
seguramente sólo estén reflejando la incapacidad de
cada uno de nosotros para ser felices. En sociedades como la nuestra
-occidental - todo fluye como una mirada al mañana. Ponemos
metas volantes en un recorrido incierto, marcándonos pequeños
o grandes objetivos que no son un fin en sí mismo. Digo esto
porque una vez conseguidos son rápidamente suplantados por
nuevos retos de apariencia más o menos heroica, pero que siempre
indican un camino a seguir, una referencia en el camino. No quiero
dar la sensación de estar mezclando cosas. Por una parte tenemos
ese pensamiento socrático de hacer lo correcto y por otro,
una búsqueda que enmarca una insatisfacción incurable.
El resultado, evidentemente, es la incapacidad humana de encontrar
el bienestar. En este país hoy día se vive con muchos
más medios, pero las causas de insatisfacción no decrecen.
Eso sí, el planteamiento es reversible… ¿Posee
el hombre la capacidad de ser feliz? Viendo el desarrollo, auge y
caída de las grandes civilizaciones que han poblado la tierra
diría que no, que el hombre en esencia, se alimenta de esa
tensión, de esa búsqueda. La plenitud de todos las culturas
se ha nutrido de guerras y situaciones extremas… El imperio
español se fraguó en siglos de ocupación árabe,
pero una vez lograda la reconquista no llegó la satisfacción.
¿Qué impulsaba a los conquistadores a descubrir el nuevo
mundo y sus peligros? Fuese lo que fuese, muchos dejaron un país
próspero para seguir su búsqueda. Pero no puedo pensar
que esto sea patrimonio de la historia. Imaginemos alguien que busca
una cura para una enfermedad, alguien que sacrifica su vida entera
para alcanzar un conocimiento. Podríamos pensar en mil motivos
más o menos egoístas que justificarían esta conducta.
Pero lo que subyace en todos y cada uno de esos motivos es siempre
el mismo: insatisfacción. Si ese mismo científico creyera
vivir en un mundo pleno, satisfactorio ¿proseguiría
su búsqueda? Creo que no, porque la insatisfacción es
el motor de lo que llamamos desarrollo.
PaginasDeSegovia.com - La publicacióón de mayor distribución en segovia ahora en Internet