Yo
seré bruta y torpe, arcaica y atrasada y hasta si lo prefieren
prehistórica, pero no puedo con algunas de las modernidades
que nos rodean.
Chari, que toma vacaciones cuando la sale del kiwi (Marujita dixit)
se ha ido unos días al apartamento que una amiga, de ella,
tiene en la playa. Yo he aprovechado el fin de semana, más
un moscoso, y me he ido en tren a hacerle una visita. Digo en tren
porque es importante.
La gente se cree todo lo que la publicidad dice. Si una empresa de
ferrocarriles, pongamos que RENFE, afirma que su vagones son
como el salón mismo de tu propia casa, tu propia oficina o
tu propia consulta médica, no hay por qué no creérselo.
Déle vuelta a la rueda de la imaginación y viva la experiencia.
¿Qué suena el teléfono…? ¡Conteste!
Está en su casa…
¿Sí, dígame? No, para nada…, voy en el
tren. Sí, del ginecólogo. Que tengo dos bultos en el
ovario y me han hecho una ecología… ¿Sí…?
No, mujer, como dos pelotas de ping pong no, ¿Cómo van
a ser así…? ¡Anda que no eres burra…,serán
como dos garbanzos. ¿ Como los cojones de mi marido..? Para
nada, mona, que los de mi marido son como melocotones en almíbar,
si lo sabré yo. Vale, pues quedamos a las ocho. Dile a Juan
que si no fuera porque tú eres su novia y mi mejor amiga, le
echaba quince polvos. No, no te lo digo por nada, pero como tú
dijiste el otro día que le pegabas diez polvos a mi marido…
Sí, sí, mejor lo hablamos en otra ocasión, -ya
sabes que voy en el tren- (esta última frase fue la única
ocasión en que moderó la voz, digamos, que a un tono
medio). Lo dejamos, a fin de cuentas a nadie le interesa cuantos asaltos
le haría yo a tu novio y tú a mi marido. Vale chocho,
que a las ocho. Chao, chao, te dejo que me abajo aquí…Mua,mua.
El hecho narrado está basado en la realidad. Cualquier parecido
con ésta, no es pura coincidencia. La protagonista, si algún
día lee estas líneas y se siente aludida, tiene dos
opciones: Grabar sus propias conversaciones, editar un cedé
con ellas y optar al premio Urban Sex; o si lo prefiere, demandarnos
por no haber citado su nombre. La publicidad gratis siempre mola.
Vaya que sí
Me bajé en Atocha. Aún se me ponen los pelos pollo y
se me hace difícil contener el llanto cuando entro de nuevo
en esta estación, y eso que me he prohibido pararme delante
de ese monumento encendido a la memoria. Hay que continuar, me dije,
y después de lo que me pareció el descenso del Kangchenjunja
–la escalera mecánica estaba estropeada, ¡Como
siempre!-, llegué al AVE.
Bueno, al menos aquí la peña (mi Jose dixit) como que
tiene más nivel. Vamos, que se nota que esto no es el público
de un regional. ¡Dios!, cuando me pongo reaccionaria es que
me sale esa vena de pija mal entrenada y me doy un asco que ni les
cuento…
Llevábamos veinte minutos, escasos, sentados.
Extrañamente mudos. Éramos once personas en el vagón
(mi posición me permitía contemplar al resto). La
letra de una canción, envuelta en acordes cibernéticos
se hizo audible en la estancia. “…Mi jacaaaaaa, galopa
y corta el viento caminito de Jereeeeez Mi jaca, gal…”
“¿ Sí…? Díme cabrón –el
que hablaba estaba sentado tres filas más allá y en
asiento de pasillo- No, estoy yendo para Alcázar. No…,
a ver a una tía que conocí el otro día por
Internet... Sí, hombre, claro que la conozco, me mandó
dos fotos... Que no, hombre, qué van a ser las de otra...
Buena no, buenísima. Veintinueve, eso es lo que me ha dicho…
Pero la hostia de buena, eso espero… No, hombre, cómo
va a saber mi mujer nada de esto… ¡Qué va! Cómo
se va a enterar… Oye, que la crisis de los cincuenta es más
dura que la de los cuarenta y hay que ayudarse con lo que uno tenga
a mano… Eso lo tendrás tú en la mano, cabrón…
Mira, eso déjalo para el lunes, yo ahora de trabajo no quiero
hablar… No, hombre si tiene una amiga ya me encargo yo de
ella también, jajajaj... Oye, Samuel, te dejo, que me está
entrando otra llamada; no vaya a ser la periquita y no quiero enfadarla...
Vale, nos vemos el lunes. ¿Sí…?”
“…Próxima estación con parada: Alcázar
de San Juan”. Y como si se tratara de un dios megafónico,
la voz ambiental me expulsó de una conversación que
no me pertenecía.
Seré prehistórica y habrá quien opine que los
tiempos han cambiado, que todo es inmediato, que lo que ocurre en
el instante es antiguo una fracción de segundo después,
pero confundir la modernidad con la impertinencia, a mí me
parece que es confundir la privacidad con un patio de corrala, el
pudor con una sala de stripper, la libertad con tragártelas
dobladas, te gusten o no.
Soy casi tan escéptica como Huxley para negar la posibilidad
de nada, pero si algunos primero morirían antes que pensar
en los demás, de hecho algunos de vez en cuando lo hacen,
-esto tan profundo no es mío, es de Bertrand Russell-, a
servidora, éstos, le tocan la trompa de Falopio y pasa directamente
a cagarse en tos sus muertos de ellos. Oooooomm. Oooooooomm. Karma
que te cagas, Aurora.
En esta ciudad no pasa nada de nada. ¡Vaya muermo! Esto está
más aburrido que en los tiempos del PP. La ciudad del Cacahuetes
cada día se parece más a un geriátrico japonés.
Hasta mi policía de oro se ha hecho bueno. O eso dicen. Para
que luego digan que no sirven para nada los cursos de atención
al ciudadano a los que ha sido obligado a acudir el espécimen.
¿Fiestas de San Juan y San Pedro? ¡Anda ya, Luqui!
(Mi madre insiste en que te llame Luquero). Fiestas de qué.
Y luego te enfadas porque dicen los peperos que son continuistas.
Vamos, que yo las denominaría una full de Estambul si no
fuera porque me traes al tigre. Sí, hija, al Bisbal. Golpes
de pelvis más desaprovechados…, (Ahora es el momento
en que mi hija me adjetiva de depravada y lasciva) y más
perdidos en la inmensidad del vacío. ¡Santa María
Inmaculada, cómo me puede el vicio!
Allí estaré yo como una loca, con Chari y mi madre,
exorcizando cada una nuestros diablos particulares. Aunque me cueste
un esguince o una recaída de la hernia de disco.
Pepito, que te quiero. Yo a ti no te pondría un piso, te
adoquinaría una calzada de aquí a la luna. Hijo, cómo
nos estas dejando la ciudad. Mi Socavones me tiene conquistada.(Marisa,
tú tranqui, que es pura menopausia. La mía, claro).
El resto, ¿dónde anda? Me refiero al resto del gobierno
municipal. Todos en Ibiza con el alcalde, supongo. Ah, sí,
que nos ponen autobuses nuevos. Para San Pedro. Ya lo dice el refrán:
“Al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”.
Que no tengamos que lamentarnos... Al tiempo…, -que dice mi
madre-.
Lo mejor de las fiestas, lo que no es de las fiestas: el Ciclo de
Música en el Atrio del Barrio de San Lorenzo. Chema, cari,
que allí me tendrás para ver a la Martirio. Como un
clavo. Bueno, como una punta. Viva la discriminación positiva.
O no.
¿Fundición Juan de Borbón? Tururú…
Que se te ve el pelo Emilín. El masivo desembarco del sur
espero que no obedezca a razones espúreas. Yo no lo creo,
Dios me libre. Pero huele...
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