En
muchas ocasiones he sentido en mi garganta la arcada que produce la
maldad sin ningún tipo de justificación, aunque para
ésta raramente la haya. Lo que ha ocurrido hace unos días,
debo decir que me mantiene en la náusea profunda y me ha tenido
tan bloqueada, que de no ser por la rabia y el sonrojo que me produce,
no tendría las fuerza suficientes para sentarme delante del
ordenador y comenzar el artículo gritando: ¡Torquemada
y cierra España!
Hay distintas formas de asesinar, aunque el fin sea el mismo. No sólo
la de quitar la vida a un ser humano merece, en mi opinión,
el calificativo de iniquidad. Aniquilar la Historia, cortar el vuelo
de un gorrión, acallar una canción, cerrar la boca a
la alegría, apagar con un soplido pestilente la luz de la cultura,
son como digo, también formas de perpetrar un crimen. Las formas
son las de menos, los hechos son los que cuentan.
La luz del Teatro Juan Bravo de nuestra capital ha sido apagada de
un manotazo soberbio, zafio e irresponsable. La vela que la sustentaba
ha sido cercenada, materializando sobre ella la villanía propia
de un mediocre. La luz que me falta, que nos va a faltar de ahora
en adelante, es la que venía emitiendo desde hace catorce años
el templo (valga en esta ocasión el término)de la cultura
en nuestra ciudad. La luz que vamos a echar de menos no es la festiva
que nos hurta en estos días el inquilino de la Casa Consistorial.
De ésa y todos sus oropeles puedo prescindir. A la que me refiero
está siendo paulatinamente ahogada bajo un capuchón
de negritud y desvergüenza. Esa luz no es la de las fiestas,
ni siquiera la que nos ciega y nos convoca diariamente desde el más
puro instinto del deseo. De la que yo hablo es de la que nos hace
más libres, mejores, más persona. La que molesta en
las catacumbas de la derecha reaccionaria e intolerante, la que incomoda
en las altas instancias de la izquierda insustancial y sin compromiso.
La que abre fronteras y derriba muros; la que ilumina la mente y convierte
las cadenas que nos oprimen en caminos de entendimiento, de confianza,
de crecimiento.
La luz de la Cultura es a la que han metido el cuchillo, una vez más,
de forma sucia y burda. Con los métodos que utilizan los cobardes,
con las artes de los villanos; siempre sin escrúpulos. ¿Que
le he puesto excesivo énfasis al párrafo anterior? Lo
sé. Pero lo que pretendo es hacer sentir, a quienes han perpetrado
la barbarie, (aunque no creo que estos lean), toda la intensidad de
lo que significa quitar los plomos a golpes de hacha funeraria, derribar
los postes enganchando a ellos la fuerza de la sinrazón, la
estupidez y el ordeno y mando.
No me preocupa que Antonia Arranz, a la que conozco de cruzar con
ella dos cañas en la ventana de un bar amigo, se haya quedado
sin trabajo, que la hayan despedido de la manera más ruin posible.
Las viejas formas del motorista desempolvadas de las mentes de quienes
nunca las olvidaron. No me preocupa, digo, porque alguien con la solvencia
personal y profesional de esta mujer está por encima de los
vaivenes del mundo laboral, de los caprichos sectarios de cuatro indecentes,
de la estrechez de miras de un mal político y me atrevería
a decir que peor persona.
Se han dicho ya tantas cosas buenas de Toñi Arranz, permíteme
si utilizo el diminutivo familiar, que redundar aquí en ello,
aunque me ratifico en todas, no sería si no reincidir en lo
mismo, con el riesgo de caer en lo que algunos considerarían
una orquestada campaña de acólitos. Por cierto, que
le sugiero a mi Cacahuetes preferido que no sería, ella, mala
candidata para dirigir la exigua, extinta y descerebrada Fundición
Juan de Borbón, dado que Emilito Hernández anda tan
multiempleado. ¿Alguien sabe a qué se dedican en la
Fundición durante los últimos meses, además de
a cobrar los salarios los empleados? ¿Alguien ha visto a este
señor por Segovia desde el mes de julio? Está en Zagreb,
escuché el otro día. Pues vale, dije, lo de siempre...
Otro más.
Lo siento Antonia, bien sé que esto puede parecerte un regalo
envenenado, pero también sé que eres la única
que sería capaz de sacar adelante, sin lamer el culo a nadie,
a ese despropósito de Fundación. Y de una a la que echan
de la peor forma, –por parte de ellos-, a otro que se marcha.
Y bendito de Alá vaya el introspectivo, inoperante e incompetente
mustafá. Lo malo no es que este hijo de la bendita república
islámica de Siria se largue, lo peor es que, con el portazo
(debería de haberle dado antes, dado los resultados), se extingue
otra lámpara a la que han contribuido a aniquilar entre unos
cuantos, decididamente del mismo bando.
“...aquí (a Segovia se refiere) se da un racismo forrado”,
o “...este equipo de gobierno tiene más interés
por el orgullo gay que por el orgullo cultural”. Son sólo
dos perlas de este mojamé que dice no haberse sentido mimado
como se hizo con el anterior equipo directivo del Taller Municipal
de Teatro. Es que me troncho de risa paissssa. Elegancia, savoire
faire y encaje es lo que no tiene mi Sandokán (no pienso poner
tu nombre porque no te lo mereces). Lo peor que te ha podido pasar,
en tu paso por esta ciudad, es haberte marchado justo cuando despedían
a alguien que es el reverso de tu escapulario. Qué fatalidad.
Lo dicho: Hasta nunca. Y en Siria, espiando camellos, igual encuentras
acomodo.
Los cines en la ciudad se cierran y los abre mi Justina en los ale
daños. (Que nadie se me enfurezca, que para cada cual, el centro
está donde lo considere más oportuno). Cines nuevos,
relucientes, productivos. Cines a mayor honra y mejor gloria de las
multinacionales de la distribución cinematográfica y
el catering de la palomita de maíz y la patata frita envasada.
Y una bolera –dicen-. Pues nada, cultura elei (grafismo de L.A.
–Los Angeles).
Y otra llama, aunque fuera poca y las más de las veces de mala
calidad, ahogada entre el índice y el pulgar de la cruel indiferencia.
No hablemos del Museo Provincial, la Casa del Siglo XV, el Teatro
Cervantes, etc. Una amiga de la amiga de mi amiga Chari, les juro
que es tal cual, fue el otro día a por entradas para el San
Nicolás Jazz (Luqui, como te digo una co, te digo la o: Que
me lo he pasado en grande en los tres conciertos). Hasta ahí
todo bien. Pero los previos son lo que tienen. Que la cola se iba
haciendo más grande (esto no es lo que parece) y nadie sabía,
en las dependencias municipales, quién era el que tenía
que vender las entradas. Fernando Sanjosé, a la sazón
Jefe de Prensa de mi Cacahuetes, dijo que si fulano, el policía
municipal que si mengano y, uno que pasaba por allí, que si
zutano. La cola se iba haciendo más gorda. (Sigue sin ser lo
que parece).
“Hay que llamar a Fernando Ortiz...” sugirió el
Jefe de Prensa al tiempo que hacía mutis por el foro para no
reaparecer. ¿“Fernando...?-dijo el más que eficiente
policía municipal a través del teléfono móvil-.
Que aquí esto se está liando y no hay nadie para vender
entradas” “¡Joder, que es el día diez cuando
empieza la venta...!”, -dijo el aludido-. “Ya, pero es
que hoy es día diez, le replicó el servidor público”
“Anda, ¡No jodas! Bueno, ahora aviso a perenganito y va
para allá.” Llegó. Pero tres cuartos de hora más
tarde de lo previsto. Pensará mi Pernales Ortiz que yo la tengo
tomada con él, pero díganme si, en su caso, no es mejor
darle un zapatillazo a la vela, a la llama y a la madre que lo parió.
Entre el engominado señor Monsalve, Aznar dando clases en inglés(que
se me desencajan las cervicales sólo de oirle), Arafat que
se me muere y me jode la porra, y cuatro más por el estilo,
yo digo lo que decía Beaumarchais: Me río de todas las
cosas por miedo a verme obligada a llorar.
PaginasDeSegovia.com - La publicacióón de mayor distribución en segovia ahora en Internet